¿Quién roba las estrellas?
Josep Emili Arias
bella_trix@navegalia.com
En el Canto V de la Odisea, Homero nos narra el periplo de Ulises hacia el
país de los feacios, "... desplegó el velamen y sentado al
timón contemplaba las Pléyades, sin perder la vista a la Osa,
también llamada Gran Carro, guía de todo navegante y cuyas estrellas
que la conforman nunca bajan a bañarse al Océano./... / La diosa
Calipso habíale ordenado que durante diecisiete jornadas navegase con
la Osa arrumbada a su izquierda".
Hoy, muchas de estas brillantes estrellas son imperceptibles visualmente desde las inmediaciones de las grandes urbes por efecto de la contaminación lumínica. Contaminación que resulta muy hostil cuando la luz se propaga en un ambiente saturado de partículas de humedad. Esta misma opacidad también nos impide visualizar el objeto celeste más bello y extenso del cielo nocturno, la franja estelar de nuestra galaxia vista desde dentro, la Vía Láctea. Los políticos locales y muchos ciudadanos confunden el despilfarro y la ostentación luminosa como sinónimo de progreso. Este nocturno hongo luminoso que cubre nuestras ciudades es, entre otras cosas, una agresión al frágil ecosistema nocturno de bastantes especies, un derroche de recursos energéticos y la perdida del firmamento estrellado, declarado por la UNESCO el 2 de julio de 1992 como un patrimonio cultural a preservar para generaciones futuras. Arruinamos un patrimonio cultural y encima nos cuesta dinero.
Mucha gente desconoce la adversidad que supone la contaminación lumínica, ese exceso y derroche de fotones artificiales que se diluye en el cielo y que rompe el frágil ecosistema de bastantes especies, entre ellas, las aves rapaces nocturnas y el homo astronomis. Especie, ésta, que a finales del siglo XX quedaba extinguida en las grandes urbes debido a que su retina es muy susceptible a todo tipo de fotón artificial.
Crecer sin ver las estrellas
No deberíamos vivir de espaldas a las estrellas. Culturalmente siempre
ha existido un vinculo entre el hombre y el cielo. El hombre desde su evolución
siempre ha tenido la necesidad de mirar al cielo para entender y regular los
ciclos estaciónales y lunares en la agricultura. Hoy, mucha matemática
que se imparte en los libros de texto tuvo su empuje en el afán de conocimiento
de la mecánica celestes y la propia física de las estrellas. Sin
olvidar esa otra fuente de inspiración en la mitología y la literatura.
La protección del cielo oscuro no es ninguna banalidad, tenemos la obligación
de respetar, de dejar libre la opción, el derecho a ver y disfrutar del
cielo estrellado, patrimonio común de la humanidad. Si nuestros políticos,
en su día, pusieron tanto celo en aprobar la Ley para la difusión
del fútbol, por qué ahora no ponen un poco de interés en
proteger este otro espectáculo cargado de autenticas estrellas y encima
gratuito. Los planetarios, nuestro Hemisfèric, son espacios para la divulgación
de la astronomía, pero nunca deben ser la única reserva para contemplar
los astros que configuran y transitan la bóveda celeste. Cabe considerar
que el vocablo -cielo- deriva del latín caelum, cincel, lo que está
bien trazado, lo bien esculpido.
Por un cielo sostenible
El Parlament de Catalunya, el 16 de mayo del 2001 aprobó la Ley para
la reducción de la contaminación lumínica. Los primeros
ayuntamientos que ya se habían comprometido en esta causa fueron los
de Tárrega y Figueres. A principios de este año el Parlamento
de la República Checa declaró su país "respetuoso
con el cielo nocturno". El 29 de mayo de 2002, el Departamento de Ciencias
Experimentales de la Universidad Jaume I de Castellón, junto con muchos
de sus conciudadanos, firmaban un manifiesto con un protocolo de normativas
para reducir el impacto lumínico, el derroche energético y preservar,
así, la calidad del cielo en los núcleos urbanos de la Comunidad
Valenciana. Un claro ejemplo de aberración lumínica son las farolas
globo (chupa-chup) carentes de ninguna proyección al suelo. Casi el 70%
de estos fotones artificiales se diluye en el cielo, ¿Será que
hay concejales de urbanismo que aún no se han enterado que los aviones
utilizan otros sistemas de navegación nocturna?. Menos se entiende que
desde la administración local y autonómica no se incentive el
uso de las lámparas de vapor de sodio en detrimento de las lámparas
de vapor de mercurio y las de halogenuros metálicos, tanto para el alumbrado
publico, factorías, puertos y aeropuertos. Las primeras son las menos
contaminantes, de luz amarillenta y monocromática y emiten sólo
dentro del espectro visible. Las segundas, de luz blanca y azulada, presentan
emisiones en el espectro ultravioleta y además poseen componentes muy
contaminantes.
Muchos políticos locales infravaloran esta problemática medioambiental
por el hecho que no arrastra votos. Aún así, nosotros, el homo
astronomis, seguimos comprometidos contra este irracional derroche de fotones
artificiales que con el agravante de nocturnidad nos roba estrellas como la
roja Antares. Contacta con www.celfosc.org y www.astrored.net/patrimonio/, (del
Grupo Urania).